Lima, 17/07/2005 (CNR) - La búsqueda de fórmulas que permitan a los pueblos nativos desempeñar un rol más activo en la vida pública de los países de la región es parte de la agenda pendiente para la mayoría de los gobiernos que conforman la Comunidad Andina (CAN).
Dicho objetivo implica un doble proceso: por un lado, reconocer la existencia de múltiples nacionalidades al interior de cada país, las cuales ostentan una cosmovisión única y que, por ende, exige la revisión urgente de temas como la educación y legislación vigente.
Al respecto, el quinto vicepresidente del Congreso, Michael Martínez, criticó la política de "horizontalizar" las costumbres y tradiciones desde la perspectiva del castellano y, a partir de allí, desconocer las particularidades de cada nación.
Para el caso peruano, consideró que si bien es saludable promover el dictado de clases escolares quechua, los contenidos de las mismas deben fortalecer la identidad de los pueblos del ande.
Lo mismo aplica para las leyes vigentes, que en la mayoría de casos son meros calcos de códigos extranjerosy que en nada recogen la realidad latinoamericana.
Otro tanto ocurre con el proceso de globalización, sobre el cual muchas naciones nativas conservadoras han optado por mantenerse al margen, postergando su desarrollo.
Esto obedece a que la clase dirigente tradicional mantiene la costumbre de evadir su responsabilidad para fomentar el pluralismo cultural; es decir, promover un diálogo entre los distintos sectores que a la par defienda las tradiciones culturales propias de cada pueblo.
Para solucionar esta parte de la problemática, el antropólogo Juan Ossio Acuña destacó la necesidad de implementar una "doble pedagogía" para que tanto los gobiernos como los pueblos entiendan que no pueden ser ajenos al proceso de modernización.