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Polémico, controvertido, genial, impredecible… Son muchos los adjetivos con los que podemos catalogar a Woody Allen, seguramente uno de los cineastas más importantes de las últimas décadas. El neoyorkino ha conseguido hacerse un hueco en el olimpo de los dioses del sétimo arte, muy cerca de Billy Wilder y de otros grandes cómicos, gracias a sus películas donde actuaba, guionizaba y dirigía. En los últimos años, diversas acusaciones de maltrato y de acoso sexual por parte de uno de sus hijos han manchado por completo la carrera de este genial cineasta, que ya fue absuelto una vez de esos cargos hace años. Para muchos, hoy por hoy, Woody Allen es uno de los directores más apestados de Hollywood. Nadie quiere trabajar con él, a pesar de ser una leyenda viva. Sus películas, sin embargo, siguen considerándose obras maestras.

Desde Annie Hall a Bananas, pasando por El Dormilón o Manhattan, hasta algunas más recientes como Midnight in Paris o Vicky Cristina Barcelona, el cineasta ha sido uno de los más prolijos de su generación, tomando un ritmo de casi una película al año en los últimos tiempos. Cierto es que al enfrentarse de nuevo a estas acusaciones, Allen ha visto cómo su pedigree bajaba muchísimo. Sus últimas producciones han sido para los estudios de Amazon, que incluso llegaron a rechazar una serie que iba a producir y dirigir. Con problemas para grabar nuevas películas, Allen se desquita en su autobiografía recién publicada, A propósito de nada, dando su versión sobre los hechos de los que se le incriminan, pero hablando también de toda su vida, de su trayectoria y de sus películas, con especial cariño en algunos casos. El de Días de Radio es uno de ellos, tal vez no de las más populares, pero si una de las más peculiares del director.

De qué trata la película

En los años 40, un niño judío vive con su familia en un barrio de clase media de Nueva York. Entre aventuras y anécdotas, el pequeño descubre la música a través de la radio, que siempre está puesta como hilo conductor en su casa. La familia vive también aventuras disparatadas que se engarzan a través de los seriales radiofónicos, los concursos y las radionovelas de superhéroes. El joven judío sigue creciendo y canalizando su pasión por la música a través de todo lo que escucha por la radio. Es una película autobiográfica, donde el propio Allen habla sobre cómo este medio le marcó tanto en su gusto por la música y también en su propia idea dramática a la hora de crear historias.

Personajes de Días de radio

La historia está narrada por el propio Allen, versión adulta del niño protagonista de la historia. Con el nombre de Joe, el niño crece en medio de un ambiente típicamente judío, con una familia algo disfuncional, un padre agresivo, unos abuelos entrañables y unas tías estrafalarias. Joe, interpretado en esta etapa joven por Seth Green, disfruta de los shows radiofónicos como el Vengador Enmascarado, y empieza también a aficionarse a la música gracias a los programas de jazz y cabaret. El protagonista desarrolla una obsesión por Manhattan, como el propio Allen en su juventud, ya que es ahí donde se crean esos shows radiofónicos que tanto le gustan. Al visitar el Radio City Music Hall afirma que es “lo más bonito que ha visto jamás”.

Además de Joe, los demás personajes de la familia también tienen cierta importancia en la historia. La madre, Julia Kavner, otra habitual de las películas de Allen, y el padre, que es Michael Tucker, tratan de sacar adelanta a la familia, pero siempre tienen tiempo para escuchar un poco la radio. Dianne West está magnífica como la tía Bea, mientras que otra de las grandes musas de Allen, Diane Keaton, también tiene tiempo para hacer un cameo como Cantante en la Fiesta de Año Nuevo. Otros famosos actores que pasan por la película son Mia Farrow, pareja del director todavía por aquellos tiempos, Larry David, el famoso cómico, y Jeff Daniels.

Producción de la cinta

Allen venía de lanzar dos buenas películas, Hanna y Sus Hermanas y La Rosa Púrpura del Cairo, que suponían, sobre todo esta última, cierto giro en su manera de hacer cine. Con Días de Radio quiso volver a su infancia, en una de sus películas más autobiográficas, recordando su niñez y juventud con la Era Dorada de la radio como telón de fondo. Allen llamó a buenos amigos para crear un reparto absolutamente estelar, e hizo lo mismo con el reparto que aparece como locutores y cantantes en la radio, escogidos sabiamente para recrear la misma sensación de la radio de los 40. El filme se estrenó en la edición de 1987 del festival de Cannes y luego estuvo en todos los cines, aunque su recorrido por taquilla no fue especialmente exitoso. La película fue nominada a dos premios de la Academia, al mejor Diseño de Producción y el Mejor Guion Original, pero no ganó ninguno de los dos premios.

Por qué debes ver Días de Radio

Se trata de una comedia muy entretenida y loca que rezuma pasión por el cine, pero también por la música, especialmente por el jazz, y por los seriales y radionovelas de la década de los 40 en la radio norteamericana, conocida como la Era de Oro. Los programas de variedades y música se combinaban con los reportes de la Segunda Guerra Mundial, y la manera en la que Allen describe toda esa etapa, desde sus inocentes ojos de niño judío, es sencillamente magistral. Tal vez no sea la película más inteligente del director, ni tampoco la más sesuda, pero sin duda es una de las más divertidas y sobre todo sirve para entender mucho mejor las obsesiones primigenias del propio Allen.

Si bien en su momento el público no le dio un gran apoyo, la crítica sí que estuvo mayoritariamente a favor de esta película, colocándole Roger Ebert como una de las mejores del cineasta. Con el paso del tiempo son muchos los aficionados al cine de Allen que han querido poner en valor esta historia coral y deliciosa, sin muchas pretensiones, que solo quiere inocularnos la misma pasión por la música y la radio con la que el propio Allen creció. Antes de lanzarse a hacer comedias románticas más comerciales, Allen todavía nos dejaba este tipo de joyas a finales de los 80, y  hay que verla como tal, una rareza maravillosa en su filmografía.