Películas

El hombre lobo en el cine

Cuenta la leyenda que el primer hombre lobo que ha existido en la historia fue Licaón, rey de Arcadia, una de las regiones estado más importantes de la Antigua Grecia. Licaón era un hombre aparentemente sabio que supo manejar su reino y llevar a sus súbditos a mejorar su nivel de vida, aunque él mismo seguía siendo un salvaje que no dudaba en sacrificar hombres e incluso niños a Zeus. El dios del Olimpo quiso comprobar por sí mismo si la crueldad del rey llegaba a tanto, y bajo a Arcadia disfrazado de vagabundo. Aunque en un primer momento Licaón pensó en matar al forastero, algo que solía hacer con la gente que venía de fuera de la región, pronto se dio cuenta de que era una prueba que Zeus le estaba realizando. Así que en lugar de matarle, le invitó a un espectacular banquete, donde el dios disfrutó de lo lindo.

Sin embargo, un pequeño detalle llamó su atención. En un momento dado de la cena, Licaón, con una sombría sonrisa en el rostro, le ofreció un exquisito manjar: carne de  niño. Zeus, totalmente horrorizado, se descubrió ante el rey en su verdadero forma y lo castigó, condenándole a convertirse en un lobo, y maldiciendo a toda su estirpe, que desde ese momento serían hombres lobo. Este es el inicio legendario de la aparición de estas criaturas, por supuesto mitológicas, en nuestro mundo. A partir de aquí, y seguramente por la propia influencia de la leyenda clásica, muchas culturas desarrollaron mitos en torno a los licántropos, hasta generar una imagen bastante homogénea de lo que sería un hombre lobo, un ser condenado a convertirse en bestia en las noches de luna llena, maldito por su estirpe o por su sangre, y que solo podía ser derrotado con la plata. La leyenda del hombre lobo saltó pronto de los libros al cine, y son muchas las películas que hablan de este ser, algunas de ellas realmente importantes en el cine de terror.

Días de radio, obra indispensable de Woody Allen

Polémico, controvertido, genial, impredecible… Son muchos los adjetivos con los que podemos catalogar a Woody Allen, seguramente uno de los cineastas más importantes de las últimas décadas. El neoyorkino ha conseguido hacerse un hueco en el olimpo de los dioses del sétimo arte, muy cerca de Billy Wilder y de otros grandes cómicos, gracias a sus películas donde actuaba, guionizaba y dirigía. En los últimos años, diversas acusaciones de maltrato y de acoso sexual por parte de uno de sus hijos han manchado por completo la carrera de este genial cineasta, que ya fue absuelto una vez de esos cargos hace años. Para muchos, hoy por hoy, Woody Allen es uno de los directores más apestados de Hollywood. Nadie quiere trabajar con él, a pesar de ser una leyenda viva. Sus películas, sin embargo, siguen considerándose obras maestras.

Desde Annie Hall a Bananas, pasando por El Dormilón o Manhattan, hasta algunas más recientes como Midnight in Paris o Vicky Cristina Barcelona, el cineasta ha sido uno de los más prolijos de su generación, tomando un ritmo de casi una película al año en los últimos tiempos. Cierto es que al enfrentarse de nuevo a estas acusaciones, Allen ha visto cómo su pedigree bajaba muchísimo. Sus últimas producciones han sido para los estudios de Amazon, que incluso llegaron a rechazar una serie que iba a producir y dirigir. Con problemas para grabar nuevas películas, Allen se desquita en su autobiografía recién publicada, A propósito de nada, dando su versión sobre los hechos de los que se le incriminan, pero hablando también de toda su vida, de su trayectoria y de sus películas, con especial cariño en algunos casos. El de Días de Radio es uno de ellos, tal vez no de las más populares, pero si una de las más peculiares del director.